Epístola de Lars Ulrich a Jon Lord

18 Jul

Muere un Maestro

Desde que mi padre me llevó a verlos en 1973 en Copenhage a la impresionable edad de 9 años, Deep Purple ha sido una constante inspiración musical en mi vida. Han supuesto para mí mucho más que cualquier otra banda, y he llegado a donde estoy en gran parte por ellos. Por eso me encuentro de bajón, triste y devastado por la inesperada noticia de la muerte de Jon Lord.

Todos caemos en adejetivos como “único”, “sin parangón” y “pionero” cuando queremos describir a nuestros héroes y a aquellos que nos han influido, pero no hay mejores palabras que esas en estos momentos, porque no ha habido otro músico como Jon Lord en la historia del hard rock. Nadie. Punto.

No había nadie que tocara como él. Nadie que sonara como él. Nadie que compusiera como él. Nadie que se le pareciera. Nadie más correcto, caballero, cercano o putamente genial que haya tocado las teclas como él.

Lo que hizo era de cosecha propia, incluyendo su sonido único con el órgano Hammond, el Leslie distorsionado, la forma en que lo atacaba mientras lo zarandeaba, y lo que coño sea que hubiera entre Jon y su “Bestia”, como llamaba a su órgano. No hubo nada similar antes, durante o después. Así de simple.

Por supuesto Deep Purple fue cosa de varios, siempre impredecible, a veces impuslsivo, nunca repetitivo y, la mayor parte del tiempo, indescriptible. Tuve la suerte de verlos tres veces en Copenhage entre el ’73 y el ’75, varias veces durante la reunión del ’85 al ’87. Incluso tocamos un par de conciertos en Alemania con ellos en el verano del ’87 y, he de decirlo, cada vez me impactaron más. Ver a Jon sobre el escenario tocando coloridos riffs ricos en texturas, solos, intros, outros, retales de blues, piezas clásicas y lo que sea que se le ocurriera, y todo eso al paso de Ritchie Blackmore canción tras canción, noche tras noche, fue el sino de un maestro de su oficio… el teclista de hard rock más perfecto, original y único que jamás pisó este planeta.

En 1992, cuando estábamos tocando en Munich inmersos en la gira del Black Album, Jon Lord y Gillan vinieron a vernos y ahí estuvieron, de pie todo el tiempo. Estuve en el cielo, actuando frente a miembros de un grupo que significó para mí mucho más que cualquier otra cosa en mi vida, fue un sueño hecho realidad. Y cuando me dieron una nota firmada al acabar el concierto, diciendo que tenían que irse ya porque al día siguiente tenían que grabar en estudio, me volví loco. ¡Mi(s) héroe(s) entre el público! “¡Mira mamá, estoy en la puta cima del mundo!”

…fue el punto de partida para un niño impresionable de 9 años en el KB Hallen de Copenhage en Febrero del ’73.

Descansa en paz Jon, y GRACIAS por todo.

Lars

Original (en inglés) vía Metallica.com

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